Escribe: Lic. Mario Nieto
Desde el inicio mismo de su gestión como sumo pontífice, el Papa Francisco solicitó reiteradamente: «Recen por mí», lo cual pude llamar la atención de algunas personas, pero para el católico significa que decidió luchar contra el mal y necesita respaldo de oración y fe. No solo desarmó el entramado vicioso del Banco Ambrosiano y fustigó a los clérigos pederastas, sino que pidió «humanizar el poder», también recibió a quienes lo ofendieron y agraviaron desde un sillón de poder, incluso desde su propio país natal.
Vió sus verdaderos rostros, los escuchó les habló piadosamente, aunque al parecer algunos persisten en continuar con su accionar perverso, dañando severamente la integridad y desarrollo personal, familiar y social, desde el plano económico y político.
Pensadores y referentes teológicos, nos advertían que adversarios del ser humano, venían a desarmar la familia, los valores trascendentes y también a la sociedad, aunque el natural optimismo y esperanza no nos dejaban confirmar lo que sucedía; así nacieron en tv. las señales para niños, otras para mujeres y un segmento para hombres; la idea era dividir y vender distintivamente cosas e ideas del «mercado», el plan estaba en narcha.
«Vienen por todo» pasó a ser ahora la expresión más difundida por los analistas de perspectivas y en ese plano, lamentablemente pueden inscribirse una serie de disposiciones de aquellos «pícaros» que pudieron adquirir poder: paralizar la obra pública, negar el pago del Incentivo Docente, desacreditar al desarrollo científico, atacar la cultura o dar vía libre para los «formadores» de precio, son solo algunos de los pocos ejemplos que podemos ver a diario. El insulto, la diatriba, ya no escandalizan por haberlas escuchado junto a otros calificativos en contra de gobernadores, legisladores o personas que no son del agrado del mandamás.
Qué puede esperarse?…es una pregunta para la que no tenemos respuesta, pero en éste punto cabe recordar un cuento referido a tres diablos que se abocan a recorrer el mundo para ver cómo iban: guerras, traiciones, pestes y corrupción les hacía refregarse las manos de optimismo; aunque un diablito más pequeño vino corriendo y agitado dijo: paren, paren, no tanto triunfalismo, porque atrás hay un hombre que habla de amor, fraternidad, esperanza; entonces, el más grande le acaricia la cabeza tranquilizándole le dice: no te aflijas, ya lo van a institucionalizar.


