Que alguien informe a supermercados, almacenes de barrios, carnicerías y verdulerías


Escribe: Lic. Mario Nieto –

El dolar blue está «bajo», la inflación «por el suelo», pero los precios de bienes y servicios trepan desaforadamente; quién miente? quién engaña?, quién exprime? si según dicen desde el poder, «las cosas van muy bién…»

Bajar el Ïndice de Precios al Consumidor no está mal, aunque hacerlo a costa de enfriar la economía, lleva a un espantoso desgaste con un costo final pavoroso. Una idea muy simple de lo pernicioso de éste sistema a nivel familia sería no gastar nada porque «no hay plata», pero en algún momento hay que pagar la luz, el agua, gas, alimentos, etc.,etc., eso trasladado al plano macroeconómico, significará en algún momento, rogar préstamos y el órgano que tenemos más a mano es….el FMI por tanto hay que ir zalamereando al directorio y al influyente «jefe del Norte» para cuando haya que solicitar un «favor» que se sume a la infame deuda contraída por el amigo, que nunca se supo bién que se hizo.

El transito por un camino recesivo no lleva jamás a buen puerto; no se acaba con la inflación real, como saben perfectamente los que llevan al país con ese rumbo y lo que si se provoca, es el aumento de la concentración de capitales en pocas manos y el empobrecimiento y sometimiento de trabajadores así como la pauperización de grandes sectores.

La contracción de los índices de ventas minoristas y de producción industrial, la caída de PyMEs y la reducción de la utilización de la capacidad instalada fabril, empuja los precios internos hasta el punto de superar los valores de iguales manufacturas en otros países, con el agravante de la vigencia de exiguos salarios, cosas que motivaron un llamado de atención del FMI,»no descargue todo el ajuste sobre los trabajadores».

En enfriamiento entonces, no sirve en absoluto para provocar la baja de precios y además es causa de pérdida de la calidad de vida de la población.

Un viejo y recontraconocido cuento viene a la memoria para ejemplificar la situación: Un zorro en el campo le habla a un loro que estaba en árbol y le pide que baje para «conversar»; el plumudo temeroso de que lo coman no quería saber nada; pero para convencerlo el zorro toma un diario viejo y fingiendo que lee le dice, no tengas cuidado, acá hay un decreto que prohíbe comerse a animales; entonces aparece un puma y corretea al zorro, en tanto el loro gritaba: «mostrale el decreto».

 


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