Escribe Lic. Mario Nieto
La implementación de nuevos aranceles a productos importados en EE.UU. descalabró el sistema económico mundial y planteó serios desafíos a nivel global; justamente en medio de la tormenta se le ocurre al jefe de Estado argentino visitar el país del Norte, con un pretexto insignificante, para buscar una «foto» que le de aire y motivo para impresionar políticamente y apurar de algún modo al FMI para que afloje un crédito solicitado.
La idea según versiones confiables, era lograr saludar a saludar a Donald Trump en la residencia de Mar-a-Lago donde recibiría la distinción «León de la Libertad» que otorga las fundaciones Make Amperica Clean Again y We Fund The Blue, oportunidad en que se recaudan fondos destinados a policías y recolectores de basura.
Conociendo el paño, la imágen -si se lograba- le habría dado pié para alardear sobre la amistad con el mandamás del Norte, con el favorecimiento que se lograba y hasta le hubiera animado a decir con voz ronca fingida la insoportable frase «Viva la Libertad carajo».
Todo hasta acá solo parece un mal paso solamente, salvo el hecho de que éste pueril intento, se llevó a cabo en un momento bastante difícil de la vida político-institucional de Argentina: fueron rechazados por el Senado los dos pliegos presentados por el gobierno para que se sumen Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla, para integrar la Corte Suprema y crecen las voces de repudio por el discurso sobre Malvinas, cuando el titular del Ejecutivo expresó su esperanza de que quienes habiten ese suelo quieran ser argentinos.
Justamente lo contrario que sostenemos legítimamente los argentinos, basados en el Derecho Internacional público: no se puede admitir la «autodeterminación» porque no se trata de un pueblo originario, son simples usurpadores, en tanto mantenemos la postura de «Integración Territorial».
A ésta altura, todavía sorprende la fragilidad argumentativa oficial en general, dado que aún si se hubiera logrado una fotografía con los dos mandatarios juntos, nada de nada cambiaba en la realidad de la perspectiva económica para el país y sin embargo esa era la enorme expectativa generada.
Lo que sí habría que tener en cuenta es el nuevo escenario mundial y el rompimiento del esquema con que se contaba. En el libro «La Tercera Ola» que publicó Alvin Toffler en 1980, describía los estadíos del desarrollo humano, identificando la Primera Ola con las actividades extractivas y pequeños grupos humanos, la segunda se aceleraba con el desarrollo industrial en el pináculo y un mundo globalizado y la tercera correspondía al dominio de la información y nuevas tecnologías; claro que en su visión encaba la estrategia de los países dominantes que alejaban las grandes fábricas por sun contaminación y elegían el camino del control científico. Cambian los roles laborales y las especializaciones, así como preferencias y necesidades de los mercados, pero fue que un elemento no integrado (Trump) entró a gobernar el país más poderoso de la tierra y manifiesta su descreimiento de la ecología y también pide el regreso de grandes plantas industriales al territorio.
Muchos no saben qué sucedió, tampoco lo que está sucediendo y menos que sucederá; los analistas locales están astronómicamente lejos de comprender éste complejo proceso y entonces dejan lugar a un «lider» que no parece comprender donde está parado. Hoy manda la incertidumbre,
El periodismo, que podría potenciar un oportuno debate, salvo contadas excepciones, mira hacia otro lado y los partidos políticos que deberían pronunciarse, parecen estar muy ocupados en las próximas elecciones; la consideración general «está en otra» mientras espera que pase el mal momento.


