Escribe Lic. Mario Nieto
Para la ciencia, la historia no parece ser lineal y muchas veces, diversas circunstancias zamarrean rumbos (queridos o no) y llevan los acontecimientos a realidades que tenemos que interpretar o reinterpretar; pero si es cierto que el Vaticano recibe al Espíritu Santo para decidir los concilios, habría que observar con detenimiento el hecho de que tras la muerte de Francisco (Jorge Bergoglio), se haya elegido a León XIV (Robert Prevost), ambos con una visión latinoamericanista innegable.
En éste contexto, todo parece indicar que Iglesia Católica tiene varias tareas pendientes que enfrentar y reparar en bien de corregir los errores cometidos y ayudar a la humanidad.
Si hablamos de la época de la colonización de América por parte de España, no podemos obviar el rol de la institución, que pecó muchas veces de actor pasivo ante los graves atropellos de los conquistadores a pueblos originarios, arrasando sus culturas, ejerciendo violencia, quitando sus tierras, motivando guerras y contagiando enfermedades. Hubo si, benditas excepciones como la de Fray Bartolomé de las Casas o Fray Antonio de Montesinos.
También es triste recordar otros episodios como el intento de «recuperar» Jerusalem y Tierra Santa en la Edad Media, lo que llevó a enfrentamientos lamentables y diferencias dolorosas.
Claramente Francisco intentó enmendar algunos de los graves errores del pasado y en una reunión con las poblaciones indígenas First Nations («Primeras Naciones»), Métis (mestizos) e Inuit en Maskwacis, Canadá, en lo que llamó «peregrinación penitencial» pidió perdón en forma reiterada con lágrimas en los ojos.
Claro, francisco fue con su cruz de madera, sin pompas y pidiendo a los católicos: «recen por mi», pero evidentemente necesitaba mucho respaldo espiritual para lograr llevar adelante la misión eclesíastica, que también incluía luchas contra la corrupción por el manejo de fondos y condenas a los pecados de algunos religiosos que avergonzaban al clero. Ya el Sumo Pontífica anterior (Benedicto XVI), había renunciado al pontificado en 2013, por quedarse sin fuerzas para afrontar tamaño legado.
Ahora viene Prevost, tomó nuevamente la chalina dorada, colgó su cruz de oro, eligió los aposentos papales y cobró formalmente protagonismo desde la fuerza simbólica; pertenece a la Órden de San Agustín (354-430), quien fue autor de grandes textos como Confesiones, las Retracciones y Ciudad de Dios: » Errar es humano -decía- perseverar en el error es diabólico».
El nuevo Papa eligió el nombre de León XIV con un pontificado que fue de 1878 a 1903 y cuya encíclica más conocida es la Rerum Novarum, excelente referencia de la Doctrina Social de la Iglesia.
Con lo disponible, ahora si cabe esperar que Vicario de Cristo actúe con valor y decisión, defendiendo a los pueblos originarios, fortaleciendo las relaciones con otros credos, deslegitimando a legiones invasoras, protegiendo a los inmigrantes, condenando a xenófobos, discriminadores y totalitarios y sindo partícipe activo por la paz, en un mundo con terribles riesgos de conflagraciones nucleares.
Muchos de los daños ocasionados en el pasado, lamentablemente todavía persisten y a modo de anécdota refiero un hecho que personalmente me tocó vivir cuando intenté conocer el Penacho de Moctezuma en el Museo Etnológico de Viena (Weltmuseum Wien), donde no dejaban entrar a visitantes americanos, salvo a mexicanos. Si bién ahora permiten el ingreso previo pago, a los chamacos los dejan pasar gratuitamente. Muchos años pasaron para que ésto sea posible; el colapso discriminatorio y la cautividad siguen golpeando tristemente.
Como autoridad religiosa y si es verdad que la Iglesia Católica es depositaria del Mensaje de Dios, León XIV debe actuar urgentemente y con firmeza, porque no es tiempo manejarse acomodado solo a un proceso diplomático.


