Perspectivas e incertidumbre


La innegable crisis estructural en la Argentina, materializó un fenómeno inquietante, por no decir desesperante: la improbabilidad en el derrotero personal, familiar y social. No hay camino seguro para ningún proyecto, dado que parece haberse escabullido la lógica y el racionalismo, aunque aferrándose a una esperanza todavía, el pueblo dirige su atención al periodismo para intentar comprender en que lugar estamos y hacia donde debemos ir.

Lamentablemente la opción también parece falsa, dado que si bién se saltó la baladronada de las pésimas encuestas y el oportunista pontificado de algunos candidatos, el periodismo en general, que arrastra muchos intereses, miserias y pecados, arroja más incertidumbre y nubla la visualización de las perspectivas.

Comunicadores «militantes», prejuiciosos, discriminadores y falaces, desgraciadamente «embarraron» feamente la cancha y asi, tuvieron -por ejempo- a tensionados televidentes aferrados a sus asientos frente a la pantalla, esperando ver en los megaoperativos armados por activistas y operadores de la Justicia, como, las máquinas cavaban media patagonia, para encontrar «montañas de dinero» de «negociados» supuestamente escondida en la tierra o en viejas casonas. Por supuesto que se trató de un «circo» montado para el engaño.

El descreimiento creció además cuando tras 77 días de desaparecido, se encontró el cadaver de Santiago Maldonado en el Río Chubut, quien habría sido dispersado por Gendarmeria el 1 de Agosto de 2017. En el medio del dramático episodio, reconocidas figuras de la TV pasaban imágenes y comentarios del pueblo mapuche en Chile, con lo cual se intentaba relacionar a la víctima con dichos grupos.

No menos vergonzoso fue el silencio cuando no el apoyo de algunos medios y reporteros a la brutal represión del gobernador Gerardo Morales, cuando se llevó a cabo la aprobación, entre gallos y media noche, de la reforma de la Constitución de Jujuy, que mereció el repudio de comunidades aborígenes, organizaciones sindicales y sociales, porque sin duda afectaba gravemente sus derechos.

Todos estos episodios, sumaron su efecto al descalabro de la actividad y motivaron el progresivo desgaste de la imprescindible legitimidad que exige la profesión del escriba. Hoy la comunidad baja un manto de piedad sobre éstos pecados, clama por información lo más objetiva posible para poder visualizar la luz del túnel que permita concebir la dirección correcta hacia el progreso; ante tanta generosidad, teniendo en cuenta que «honra quien pide, porque cree la generosidad de quien da», ¿seremos capaces devolver con orgullo y dignidad la confianza depositada o seguiremos navegando erráticamente entre las perspectivas y la incertidumbre?

Lic. Mario Nieto

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