La ofrenda que ofende


(Escribe: Lic. Mario Nieto)

Acontecimientos internacionales de alto impacto y discurso del presidente mediante, amortiguaron la turbación causada por la aprobación de la infame Ley de «Modernización» Laboral, que sin duda quita reconocimiento a los trabajadores.

Para dirigentes justicialistas, la nueva norma legal presenta una regresión a la etapa pre-peronista y para no pocos, lleva a un retroceso a algo más de 100 años, lo que sin duda acarreará litigios, a más de ser judicializada por inconstitucional.

El ministro de Economía, Luis Caputo, se mostró extrañado porque ninguna «Cámara festeja», quizás recordando el vergonzoso asado con el que celebraron el rechazo a un paupérrimo aumento a jubilados y es que con éste desprecio y quita de derechos legítimos y razonables, ganados en luchas históricas, no se prende nadie. La economía ve desarmarse al capital empresario y lleva adelante un plan de mortificación de empleados sin ningún sentido.

Ni siquiera vale la pena enunciar los puntos afectados, que en realidad son todos: horas extras, horario de trabajo, liquidación por despido, antigüedad, convenios por establecimiento, etc. etc. cosas que sin duda no contribuirán a crear más empleos, ni blanquear a quienes están en «negro» y mucho menos a potenciar la actividad económica.

El respaldo de votantes no hace más que hablarnos de que el oficialismo llevó a la Democracia a una cuestión solo de números, de modo que el debate en el Congreso para enriquecer o motivar el cambio de actitudes no tiene ningún efecto, a lo que se suma la actitud de gobernadores y legisladores sin ningún principio firme, dispuestos a negociar alguna ventaja oprobiosa.

Encuestas realizadas por diversas consultoras indican que el partido gobernante, tiene como núcleo a personas jóvenes, que supongo creen tener poder (indirecto), entendiendo a éste como la «capacidad de hacer daño», de allí la actitud inexplicable de impulsar el perjuicio a docentes, trabajadores de la Salud, científicos, personas con discapacidad y otros, aunque se olvidan de la segunda parte de la definición de poder, que interpreta que no se pagan las consecuencias por el daño.

Claro que para mantener éste «respaldo» o aprobación, hay que intoxicar con fake news al público, difundiendo por ejemplo, que directivos de entidades prestigiosas, como el Hospital Garrahan y docentes universitarios ganan fortunas, lo cual no pudo mostrarse ni en un solo caso, aunque la «información» va más ligera que la verdad y además, como dice el filósofo coreano Byung-Chul Han en su libro Infocracia, el intento de combatir la deformación está condenada al fracaso, es resistente a la verdad. La acción es primero y obra con reacción, despojando al intelecto y espíritu del proceso de entendimiento.

La nueva herramienta legal, no gana ni para un análisis, solo se trata de un triste capítulo de la vida institucional, que sirvió para despojar caretas y exhibir las mezquindades del poder, con toda seguridad en algún momento deberán enfrentarse decididamente las posturas políticas a favor o en contra del Estado, yo diría de la Argentina y eso puede ser en un intento de modificación de la Constitución Nacional, hasta tanto hay ofrendas que ofenden.


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