La Mentirocracia y el Macartismo


 

Escribe Lic. Mario Nieto

Abonarían los sueldos en dólares, los ajustes lo pagaría la «casta», la pobreza disminuyó en los últimos meses, los jubilados estarían arriba de la inflación, el desempleo bajó, el misérrimo aumento vetado a jubilados supondría un costo de 370.000 millones de dólares, a la Universidad Pública solo le sirve a los «ricos» y otras decenas de horribles embustes son utilizadas como argumentos para justificar decisiones injustas y crear un contexto que permite castigar y ofender a distintos sectores, opositores y librepensadores con técnicas propias del Macartismo.

«Mentir constntemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo , completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras.», afirmaba la filósofa, socióloga, política y escritora Hanna Arendt (1906 – 1975) en su libro «La banalidad del mal».

La mentira de los políticos a los gobernados no es ciertamente nueva; así el propio Nicolás Maquiavelo recomendaba utilizar la mentira, el fingimiento y falsas promesas con fines políticos. La idea, apoyada por otros escritores, era que tales acciones no deberían ser analizadas en el plano moral, esgrimiento «razones de Estado».

Sorprendería la cantidad de autores de textos políticos que comparten éstos conceptos a lo largo de la historia, aunque con una salvedad coincidente: no debe tratarse de engañar de igual modo a los consejeros, regla que en el caso presente argentino no parece cumplirse.

«Enterrar al Kirchnerismo y clavar el cajón con Cristina adentro», expresión del jefe der Estado no sorprende a nadie, toda vez que trató de «ratas» a los congresistas, ofendió figuras de otro pensamiento como Raúl Alfonsín, descalificó groseramente al Radicalismo, al Peronismo, ofendió a ex funcionario fallecido y dijo del Socialismo: «hijos de remilp…). Es simple, la idea es tratar de estigmatizar.

Ésta horrible situación que padecemos, se agrava cuando vemos que se hace realidad el pensamiento del sociologo francés Pierre Bourdieu, quien afirmaba que «no sólo mentirían los políticos, sino que también es algo que harían frecuentemente los medios de comunicación y los propios ciudadanos al interpretar distintos papeles en la vida pública», de allí la frase del propio jefe de Estado:  «el 85% de los medios miente todo el tiempo», señalándos como cómplices de una campaña negativa en su contra, que fue «la más grande de la historia de la humanidad».

El presidente de la Nación publicó una “lista negra” oficial con nombres de los diputados dialoguistas que votaron en contra de algunos artículos del proyecto de la Ley Ómnibus, catalogándolos de «traidores» y «extorsionadores».

Lamentablemente éste tipo de conducta nos recuerda al llamado «macartismo» en los primeros años de la década del 50′ en EE.UU., donde se produjo una verdadera «caza de brujas» bajo las acusaciones de «comunista», «traidor» en un oprobioso ataque liderado por el senador por Wisconsin, Joseph McCarthy, quien no permitia ningún lugar a la defensa ni jurídica ni humana.

En éste tristísimo periodo, fue ejecutada en la Cámara de Gas, el matrimonio integrado por Ethel y Julus Rosenberg a quienes endilgó haber dado secretos de la bomba atomica a la URSS, algo que fue negado enfáticamente;  También se expulsó de la Comisión de Energía Atómica, nada menos que al físico Robert Oppenheimer, debido a su oposición al proyecto de la bomba de hidrógeno. Para dar una idea de lo irracional de éstos procesos, el escritor Artur Miller escribió su obra «Las brujas de Salem».

Por supuesto que hablamos de un extremismo que no puede ocurrir nuevamente en la historia, pero siempre es bueno acudir a la memoria, particularmente en gobiernos de ultraderecha, para evitar excesos dolorosos.

La metodología de éstas administraciones es la misma: inventar un enemigo externo, luego uno interno, mentir, despojar al Estado de la posibilidad de trabajar por la justicia social y frenar el desarrollo. Cuidado con la Mentirocracia y el macartismo, sobradamente sabemos que son muy crueles e injustos.

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