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“Denme un punto de apoyo"

Lic. Alicia Parodi - Escrito el 26 de agosto del 2010
Teorías y puntos de vista sobre factores claves para cambiar realidades, hay muchas, incluso la Escuela Positivista, anima a fijar reglas en virtud de supuestas conquistas para el cuerpo social, en lugar de esperar que maduren debates, o que se instalen temas con el tiempo que requieren distintas realidades.

A pesar de todas las especulaciones que puedan hacerse al respecto, en el plano político ideológico, la cuestión en referencia a la aplicación de la metáfora comentada, parece ser más simple de lo que podría especularse, ya que una “palanca” formidable, es sin lugar a dudas la Democracia, mientras que el punto de apoyo sería la legitimidad tanto de fondo como de forma, de quienes llegan al poder, así como la de todos sus actos.

Lógicamente que para configurar un ideal universal, deben considerarse los diversos escenarios regionales, nacionales, e incluso comunitarios, lo que podría llevarnos a una serie de interpretaciones a veces coincidentes y otras quizás no.

Lo cierto es que una reflexión más profunda nos llevaría indudablemente al ser humano; vaya paradoja!, resulta para nuestro análisis que el destinatario de aplicar la gran palanca sería finalmente el hombre, y si no tenemos en cuenta éste aspecto, podremos caer en el error de contribuir a la despersonalización, a la pérdida de metas e incluso al sufrimiento de millones de personas.

Es complicado recordarlo, pero lo cierto es que las grandes religiones, tanto como inalterables principios éticos, llevan miles o cientos de años tratando de enriquecer y valorar en su real dimensión a las personas humanas, aconsejando ser dignos a los ojos del Creador, del semejante y de la sociedad, pero o no lo interpretamos correctamente o elegimos otro camino.

Si el camino elegido fuera el de la ciencia, el de la política comprendida en su término exacto como un modo de vida al servicio de los semejantes, el del progreso material y espiritual, el de la solidaridad, de la equidad, tolerancia, esfuerzo compartido y el de la realización plena de los habitantes, la lucha entonces no sería tan desigual, sin descontar lógicamente la existencia de enemigos y peligros que acechan a cada paso.

Hoy, muchos quieren “mover” al mundo con palancas económicas, militares, tecnológicas o corporativas, pero la experiencia nos llama a la desconfianza, ya que si seguimos teniendo al individuo solo como potencial consumidor, posible adversario o enemigo, u objeto de utilidad para objetivos signados por el egoísmo, manejable por el poder, sobrevendrán una y otra vez enormes crisis estructurales, de las cuales será prácticamente imposible salir, en tanto las “palancas”, ya nos habrán llevado lejos de cualquier referencia humanista y solidaria y en el más optimista de los casos la herramienta solo servirá para el juego del “sube y baja” que no nos llevará a ningún lado.




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