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El gobernador Sergio Casas dejó sin efecto la convocatoria a elecciones generales de la provincia

De acuerdo a lo ordenado por el Tribunal Electoral Provincial, mediante Resolución correspondiente, el gobernador de La Rioja, Sergio Casas, dejo sin efecto la conocatoria a elecciones generales que había sido dispuesta para el 12 de mayo....

Opinión
Valor y vida, la vida como valor
Los que luchan, ganan

Escrito el 14 de junio del 2018 - 23:21
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 En un hecho histórico y tras un intenso debate que se prolongó por más de 23 horas, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó este jueves por 129 votos a favor, 125 en contra y una sola abstención, el proyecto de ley que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana catorce del proceso de gestación. Con esta media sanción, toca ahora al Senado el tratamiento y la posterior definición sobre la norma que viene a producir no sólo un cambio rotundo en materia legislativa sino también a cristalizar la fortaleza de un movimiento social que -afirma- busca garantizar y ampliar los derechos femeninos.
Ahora el proyecto será discutido en el Senado, donde también será arduo el debate

¿Existe un más allá de las posiciones a favor o en contra de la iniciativa? Es complejo decirlo porque uno de los aspectos más notables de la cuestión pasa por el escaso margen para la indiferencia que presenta, algo que se reflejó en el mismo recinto parlamentario donde la votación -sin decisiones de bloque y librada a la conciencia de cada legislador- atravesó la noche cabeza a cabeza, de forma cambiante y sin interrupciones, y recién a último momento, ya por la mañana, una de las tendencias logró la ventaja (escasa, pero ventaja al fin) que permitió la aprobación del proyecto surgido en el marco de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Tan sólo se abstuvo una legisladora: Alejandra Vigo (de Córdoba Federal, esposa del gobernador mediterráneo Juan Schiaretti). Y el único ausente fue el ex ministro Julio De Vido, quien desaforado y preso dio a conocer que de haber podido manifestarse lo hubiera hecho a favor de la despenalización.

Así de inconciliable, de tenso, de tajante fue el debate que se suscitó en la sociedad. Esa, la interpelación a partir de una problemática grave, con raíces profundas en temas urgentes y sustanciales, constituye uno de los principales avances que se puede señalar y que sólo permaneciendo en una postura absolutista, de cerrojo, podría negarse. Porque hasta la falta de estadísticas firmes quedó expuesta, es decir, la ausencia de verdadera atención sobre algo que tanto de un lado como del otro en medio del tironeo todos coincidieron en sostener a ultranza: el valor de la vida humana.

El aborto es una realidad. Las muertes son una realidad, se mire por donde se mire. Miles de mujeres mueren a raíz de prácticas clandestinas. También desde otro punto de vista: miles de embriones y fetos humanos mueren de forma clandestina. Es decir, que lo que actualmente está penalizado por ley, "el crimen", sea que el mismo se contemple a groso modo a partir de la imposibilidad de la mujer de contar con garantías para acceso a la atención sanitaria, sea a partir de la interrupción del embarazo por el cual se gesta la vida de una persona reconocida normativamente como tal, se produce, no ha cesado de producirse. Sólo que lo encubría el muro de la desigualdad, sólo que se lo escondía bajo la alfombra de la hipocresía.

Y en esto, el dar la cara a la cuestión y el ponernos cara a cara, el sacarla de las sombras confortables para algunos y retrógradas y criminales para muchos, el traerla de los pelos si se quiere desde el asilo conservador del chusmerío barato y la condena fácil, hay que reconocerle sus méritos al feminismo. Sí, a la lucha de las mujeres que se viene dando en diversos ámbitos y bajo distintas formas desde hace muchos muchos años, pero que en el últimos ha tomado un impulso irrefrenable y se ha manifestado de manera contundente en las calles. Y hay que remarcarlo: fue a partir del dolor que aún en mayor medida reaccionaron, de que las golpearon, las violaron, las torturaron, las mataron, las machacaron, les quitaron el miedo.

Porque soy hombre en general, y bastante escéptico y racional en particular, pero las he escuchado, las he observado, he analizado los fundamentos que inspiran sus consignas y reclamos, pero más que nada, he sentido la determinación con la que luchan y, como conclusión, cuando me hablan de que van por un cambio revolucionario, les creo, ¡claro que les creo! Si algo quisiera transmitir en esta nota, es que la percepción acerca de lo que acaba de ocurrir en el Congreso nacional, y más, de lo que viene ocurriéndonos como sociedad, es esa: los que luchan, ganan. Las que luchan, ganan.

Las consignas "Toda vida vale" y "Salvemos las dos vidas" aparecieron como exclamaciones, buenas intenciones, llamado, y un tibio respaldo en cuanto a manifestaciones reales, recién en los últimas semanas. Mientras miles de mujeres, miles de embriones; vamos un poco más: miles de seres humanos en el vientre materno y ¡atención, paladines de la justicia! también fuera de él experimentan a diario la desigualdad y la indiferencia, son sometidos por la corrupción, la crueldad y su hermana de aventuras de despojo: la hipocresía, son excepción los hechos y las personas que se pueda afirmar -al igual que el femenismo- que le pusieron el cuerpo, lo internalizaron como modo de vida, lo plantaron en las calles como objetivo de lucha, crearon fraternidad (sororidad) en torno a ello, a evitar, concreta, vivencialmente, que el rótulo siga tapando a la mentira, que la muerte sea más fuerte que el amor por la vida, que las velas sigan ardiendo como buen gesto tardío (y amenaza de hoguera) pero no que sirvan para iluminar ni salvar a nadie desde una verdadera conciencia. Son excepción, por eso los ponemos de modelos, y como modelos los dejamos.

Porque a estas alturas, en nombre de la vida -inocente o no tanto, a ver, quien juzga, quien arroja la primera piedra- la realidad no admite ya ni siquiera que sea tolerancia lo que se pide. No. Tolerancia es sentarse cómodo apoyado en el muro y sobre la alfombra. Cerrado por falta de empatía, de mirada sobre el otro desde el lugar del otro, equivale a cerrado por duelo, te aseguro, o sea, todo lo contrario a "salvemos" y "vida". Leo algunas posturas: "Lo que está mal, está mal, aunque lo haga todo el mundo; lo que está bien, está bien, aunque no lo haga nadie". ¿Sabés que es lo lindo de todo esto? Porque sí, no es extraño que del fango y del dolor provengan las mejores flores. Que ahora acaso empecés un poco a cuestionarte que es lo que está bien y lo que está mal, y sobre todo, quién establece lo que está bien y lo que está mal, bajo qué óptica, bajo qué intereses y condiciones. Lo más probable es que no encuentres un rostro totalmente divino, sino uno bien parecido: humano, demasiado humano.

Leo otra cosa, leo parte del proyecto que no "promueve" la decisión del aborto en ninguno de sus párrafos, ni tampoco reconoce ese derecho de manera irrestricta y sin término, y que sí contempla la objeción de conciencia por parte de los médicos y, lo más importante, leo que una vez solicitada la interrupción del embarazo, el centro médico tendrá que garantizar a través de consejerías (1) INFORMACIÓN ADECUADA y (2) ATENCIÓN PREVIA y POSTERIOR a la intervención de carácter MÉDICA, SOCIAL Y PSICOLÓGICA, con el objeto de garantizar un espacio de ESCUCHA y CONTENCIÓN INTEGRAL. ¿Qué estábamos haciendo antes? Ah, sí, estábamos ocupándonos, en un momento de distracción, de condenar, de criminalizar y de favorecer la clandestinidad, en un ir y venir entre un sistema de prevención tanto de Salud como de Justicia ineficientes e inicuos. O peor aún: "No cuenten conmigo" no parece ser el camino, no parece ¡ni viene siendo! ningún camino más que el de mantener las cosas como están. Ahora habrá que replanteárselo.

Entonces, no es tolerancia, no, lo que se pide. Se trata de conciencia. Y si se decide luchar por una alternativa todavía mejor ¡en buena hora!, personalmente no me identifico con posturas "proabortistas", individualistas, o las que entremezclan la concepción del "es mi cuerpo y se trata de mi sola vida" (tendré que profundizar más, tendré que confrontarme más, y ver qué pasa), y creo que la mayoría de los que dijeron sí a la iniciativa tampoco. Pero ya era tiempo, ahora estamos a tiempo mientras algunas muertes se van evitando (¿y si no, dónde se ubica el "yo defiendo la vida"?) Ojalá esa lucha sea auténtica; que sea un comienzo; que parta de la conciencia, de los hechos cotidianos, de la asunción de un pararse firme, comprometida, solidariamente; interpelar a quien haya que hacerlo, y actuar. Quizás se pueda también comprobar, que los que luchan, ganan. Las que luchan, ganan. Es más que proclama, careta y mañana. Está demostrado. Hoy, te lo están demostrando.

JAVIER MARTÍNEZ

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