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Opinión
La unidad a la deriva
Nadie se salva solo

Escrito el 2 de junio del 2018 - 02:03
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 Mayo representó un nuevo pico en el nivel de complejidad, sectarismo y alarma que atraviesa de un tiempo a esta parte el contexto económico y político provincial. Ni la serie de actos festivos tanto nacionales como locales, con permanentes llamados a la unidad, sirvieron para reducir la brecha político partidaria. Lo cual, es cierto, quizás era demasiado idealista, pero no imposible de generar mínimos gestos contemporizadores. Al contrario, los gestos endurecieron, recrudecieron, explotaron hasta el punto de que la brecha evidenció un resquebrajamiento expansivo denotando que la división y el enfrentamiento ya no se reduce a dos bloques uniformes en sus posturas, sino que -todo esto impulsado por expectativas personales y sectoriales en torno a los comicios internos- el panorama avanza en una atomización a los costados y a las propias espaldas que a muchos deja desconcertados. Para otros, en cambio, no es más que el necesario reacomodamiento y posicionamiento estratégico dadas las circunstancias.
Desde el peronismo ponen paños fríos, con la consabida frase que de la mano de las peleas viene la multiplicación. La frase cada vez convence menos porque el menguado caudal electoral no da para bollos y la solidez que requiere el liderazgo -un liderazgo difuso con necesidad de reconstruirse- queda en tela de juicio ante las repetidas salidas de tono y el descontrolado rompimiento de filas.

Choque, desparramo, desplazamiento institucional, denuncias cruzadas, operaciones pergeñadas casi de forma espontánea -como si dependieran de un estado de ánimo-, y la facilidad que otorga la guerrilla mediática y la que se sirve de la precarización agudizada de las capas de población más carenciadas, someten al efectivismo y a la mera declamación las más altas miras, el arraigo preciso para plantarse como alternativa, sobre todo, invisibilizan los esfuerzos por transmitir una visión amplia de desarrollo y de posibilidades de logros aún con una limitada capacidad de respuesta.

Los incidentes ocurridos el 22 de mayo durante el acto de celebración del aniversario de la Policía de la Provincia son un ejemplo. Mientras el gobernador Sergio Casas reiteraba en su discurso el llamado a la unión de todos los riojanos, un grupo de vecinos de un asentamiento llegó hasta allí para reclamar por la paralización de obras y arremetió contra el vallado policial. Querían hablar, de mala manera, de alguna manera, cansados de promesas, cara a cara con los funcionarios. Hubo violencia, represión, heridos y detenidos. Conflicto social y represión son aspectos que el peronismo gusta enrostrar a Cambiemos como consecuencia de sus políticas nacionales. El distanciamiento que entorpece la empatía y el diálogo y cuyas señas suelen ser remarcadas en actos faltos de calor popular y, justamente, en profusos vallados y fuerzas antimotines.

Ese día más que calor popular en La Rioja hubo bronca, calentura, incomprensión. Y la proclama de unión quedó en cierto modo desbaratada. Y la imagen de un Gobierno cobijo de los más necesitados ante las iniquidades del puerto, al menos quedó deslucida. Es que muchos, puestos a recordar lemas que conforman la liturgia peronista, mientras las autoridades trazaban claramente el límite de la protesta con argumentos de rigurosa legalidad, recordaron y convocaron a otros a hacer memoria de esa frase que Evita dirigió a sus descamisados en la que sostuvo que "donde existe una necesidad, nace un derecho". El puente nunca fue fácil para arribar y conectar con la otra orilla, esa que afirma que "dentro del derecho todo, y fuera del derecho nada".

Y para más, tan sólo unos días antes, al defender el empleo público en La Rioja y fustigar la decisión del Gobierno nacional de acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI), el mismo gobernador Sergio Casas apeló a lo que viene siendo el núcleo de su propuesta discursiva, la idea fuerza en la que juega fichas su liderazgo: "soy del pueblo, me debo a él. Me voy a poner al frente, porque, como decía Perón, ante la necesidad del pueblo, tienen los dirigentes que marchar a la cabeza, o sino el pueblo marchará con la cabeza de los dirigentes". Cartas fuertes sobre la mesa. La aspiración a esa identificación es la que late en la noción de "unión verdadera" por la cual pareciera que no es lo mismo estar `unidos que revueltos` y explica porque ya la unión a secas no basta y le han ido surgiendo también quiebres y ramificaciones.

La diferencia acaso sea filosófica, ideológica, o sencillamente terminológica, podría arriesgarse el entendimiento de algo así como "la unión de sectores políticos con el pueblo" distinta de "la unión de sectores políticos de espaldas al pueblo" (los que optan por distanciarse de la conducción o alinearse con políticas antipopulares). Eso le daría el cariz de "verdadera". Y eso, las mismas diferencias hacia dentro entre quienes se sienten los "verdaderos" representantes del pueblo, la pone fácilmente en entredicho y así, sin cohesión que respalde, la pretensión puede tornarse riesgosa para la misma mano que la esgrime. Tal vez por eso Casas remache que cualquiera sea la ambigua interpretación o influjo de ambición que circule de ese lado de la brecha, el que tiene el mandato del pueblo es él.

Pero volvamos al ejemplo de los incidentes del 22 de mayo. Días después, con la crisis de algún modo aplacada al haberse disgregado el numeroso grupo de vecinos del asentamiento, el reclamo difuso a partir de las explicaciones de las áreas competentes y quedar detenidos con cargos de peso quienes habrían protagonizado el choque con las fuerzas policiales, el tema volvió a presentarse bajo el aspecto de una bomba política. Con más o menos ruido, pero resonó en los despachos de la Casa de Gobierno. El ministro de Hacienda, Ricardo Guerra, conocido por su carácter moderado, su escasa intervención en la arena política más allá de una candidatura a senador suplente, y su inclinación hacia los aspectos más técnicos y menos polémicos, denunció penalmente al secretario de Relaciones Institucionales y Políticas Regionales, Ariel Puy Soria, en este caso, reconocido como operador político, hombre de confianza de la más alta conducción, y con una aparición constante en la trama secreta y no tanto de la interna partidaria.

La denuncia radicada por Guerra ante el Ministerio Público Fiscal solicita que se investigue el funcionario como posible "instigador" de los hechos delictivos que habrían configurado una alteración del orden público y puesto en riesgo la paz social, como así también la integridad de las personas que transitan por la Casa de Gobierno. Argumenta que una serie de capturas de mensajes de Whatsapp del teléfono de una de las dirigentes barriales detenidas serviría como prueba del presunto accionar del secretario incitando a que dirigan la protesta a su persona. La noticia fue difundiéndose de a poco, a puntillas en los medios de comunicación, y ese resquicio dubitativo atenúo su impacto. Ni hablar de profundizar en el análisis de su gravedad institucional. De alguna manera, otra vez la interna interponía sus velos, daba espacio al escepticismo y a esa mesura que no tiene tanto que ver con la seriedad sino con esperar en qué terminan las cosas que muchas veces no terminan en nada. La referente negó los mensajes y habló de montaje, varios dirigentes importantes relativizaron la denuncia y había otros factores en medio de ese recelo: Guerra se ubica entre los posibles candidatos para el 2019, posición alguna vez alimentada por el mismo jefe del PJ provincial, Luis Beder Herrera. Puy Soria habló de persuasión y consensos junto a Ricardo Quintela y Teresita Madera y rechazó una unión basada en la imposición. Poco después, luego del traspié del congreso partidario, el mismo Beder Herrera puso fecha estimativa a las elecciones internas. Y en torno a ello se habla no sólo de la opción que podría presentar el intendente Alberto Paredes Urquiza si se decidiera, sino también de candidatos encuadrados en nuevo enfoque que distingue ahora entre casistas y bederistas.

¿Y qué dijo Sergio Casas respecto a la denuncia? Se mantuvo equidistante y sostuvo que "son todos funcionarios míos y yo apuesto a la unidad". Agregó que "seguramente intervendrá la Justicia y voy a respetar todo eso. Espero que terminemos de pelear". Esta vez el primer mandatario provincial no dejó lugar a dudas y explicitó que el mensaje de unidad no sólo es "para afuera, sino también para adentro". En otro tramo de las declaraciones efectuadas este sábado en la UNLaR, remarcó una vez más que "le guste a quien le guste" el gobernador es él hasta el último día de su mandato, "para eso me eligieron". Mientras tanto también advirtió que no tiene posibilidad ni tampoco la intención de ser reelecto. Esto último también lo asevera respecto a sí mismo el ex gobernador Beder Herrera. ¿Entonces? Entonces lo dicho, la brecha más que brecha es un resquebrajamiento expansivo que aún no encuentra contención en un liderazgo claro y ampliamente aceptado. Atomización a los costados y a las propias espaldas. Así están las cosas.

Lo preocupante es lo que las rencillas van contaminando, las demandas sociales bajo la amenaza de la postergación indefinida o bien atadas a la circunstancial manipulación con fines electoralistas que nunca ofrece soluciones de fondo, la carencia de visiones capaces de despertar esperanza ante un panorama cada vez más angustiante, los constrastes entre los discursos y lo que realmente está pasado y que afecta a la credibilidad en las instituciones, la ausencia de voces con solvencia representativa que marquen un rumbo de desarrollo, los aspectos sanos de la política, se entienda como se la entienda, que realmente operen como servicio a los ciudadanos y contrarresten el divorcio entre dirigentes y electorado, las conductas de desprestigio, conjuren la apatía y el individualismo. La realidad cuando pisa, lo hace fuerte. Y si encuentra un terreno resquebrajado, éste se desmorona; se hunde lo que tanto cuesta construir y estallan los males peores. Por eso, en atención a eso, y no a una fecha de elecciones, es imperioso que la palabra unidad valga, que los niveles de interés mezquino y especulación sectorial disminuyan. Para que el juego estratégico pergeñado por algunos, incapaz de estar a la altura de las circunstancias, no sea después el juego de las escondidas de un grupo de irresponsables a los que el convencimiento en su propia astucia dejó sordos. Y es que muy bien dicen por ahí: nadie, absolutamente nadie, se salva solo. También a los costos, políticos y de los otros, los pagamos caro entre todos.


Javier Martínez /

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