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Opinión
Un pie para pensar
Periodismo y verdad en tiempos de cambio

Escrito el 20 de abril del 2016 - 01:15
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 Algunas consideraciones desde el oficio y desde la mirada de los lectores. ¿El periodismo caracterizado como "un testigo apasionado por la verdad" cada vez más lejos?, ¿O puede serlo sólo a medias y cuando le conviene en tiempos signados por la inestabilidad, la parcialidad y la condescendencia como refugio? Inquietudes compartidas, advertencias, recomendaciones y tanteos en el tire y afloje de informar y estar informados. (Por Javier Martínez)
Primero. Para cambiar, para realmente cambiar, no has de tapar.

El periodismo que realiza fugaces concesiones a la verdad es en realidad funcional a la estrategia del que necesita taparla.

Porque así sólo persigue mantener el reflejo del reflejo de su función y su deber: el compromiso con el presente social que se configura, en cierto modo y en parte, a través del registro que el mismo periodismo realiza.

Dar visos de integridad, de tendencia hacia la objetividad, de mosaico completo, sirve. La cuestión es: ¿Sirve mejor a quién? ¿Sirve mejor al ciudadano, "destinatario" del mensaje? ¿O a otro interés en juego? Aparentar no es, y no será nunca, lo mismo que ser. Y viso es eso: viso. Tonalidad, apariencia, forro. Vicio.

Recordar a Tomás Eloy Martínez: la verdad nace de la fidelidad con uno mismo, la cual está indisolublemente vinculada a la fidelidad con el lector. En la práctica, sé es fiel en todo momento. O no se es. Subrayado:"El periodista no es un policía ni un censor ni un fiscal. El periodista es, ante todo, un testigo", "una voz a través de la cual se puede pensar la realidad". Una vez más recordarlo: allí donde todo parece instalar una certeza, el periodismo instala siempre una pregunta.

Sin credibilidad el medio mismo pierde efectividad, aliciente, prestigio, llegada. Debería, aunque no siempre ocurre, perder también toda razón de ser. No ocurre, precisamente, porque no todos los medios tienen como principal razón de ser el interés del destinatario del mensaje. Ni tampoco esto es siempre lo que su público demanda.

Por eso la fugaz concesión a la verdad es siempre trampa. "Si para la generalidad del público queda claro que somos parciales, perdemos". "Incluyamos, para que no falte, pero relativicemos". "Nombremos, por arriba, pero no ahondemos". "Denunciemos pero también justifiquemos". "Mechemos". Vamos, que los que hacen este tipo de periodismo lo tienen claro. ¿Usted, lo tiene claro?

La diferencia sigue estando en el trato. El trato con la verdad con miras a la información se define por su tratamiento. La selección. La jerarquización. La relevancia. Criterios. El peso de los recursos y el tiempo destinados. El trato con la verdad con miras al destinatario está dado por el estándar que en referencia a ese destinatario ilumina esos criterios. ¿Cuál es la exigencia a la que me someto como emisor teniendo en cuenta el estándar desde el que considero al destinatario y desde el que me considero como medio?

La fugaz concesión a la verdad es tener en menos al destinatario, subestimarlo. Poner el estándar muy cerca del suelo. Ofrecer visos de integridad y tendencia de objetividad buscando el preciado bien de su credibilidad, pero no diciéndole todo, mechándole o recortándole el tratamiento. Jugarle pretenciosamente con ventaja en los espacios que quedan librados a criterios de selección, jerarquización, relevancia. Apuntar a que los pase por alto. Apostar a sus debilidades y blancos. Inclinar subrepticiamente el peso de los recursos, espacios, tiempo.

Destinatario/a: aventajarlo, es muy obvio, no es hacerle honor, ni ponerlo en ventaja.

Reaccione.

No se quede con frases, con un programa, con dos o tres notas fugaces como ejemplo. Para tomar postura, siga un tratamiento. Compare. Confronte. Analice. Haga la tarea que esperan que no haga. Usted, sí, usted, póngase un alto estándar.

Téngalo claro.

La verdad, como concesión, no es verdad. Ni merece aplauso.

JAVIER MARTÍNEZ (javmz@hotmail.com)

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