(Escribe: Lic. Mario Nieto) –
A la luz de acontecimientos a nivel internacional y también local, la «Teoría del Loco» parece volver a tenerse en cuenta, toda vez que se necesite entender el comportamiento irracional de algunos mandatarios y el cumplimiento obtuso de sus caprichos por parte instituciones y organismos del Estado.
La teoría en cuestión, se aplica a quienes fomentan la imagen de líderes que amenazan y aparecen como creíbles por ser «impredecibles» y por tanto capaces de tomar decisiones propia de desequilibrados. Se trata de una perversa herramienta política, con la que se manipula el miedo creando incertidumbre.
Ésta modalidad tuvo destacada vigencia con el gobierno de Richard Nixon, durante la guerra de Vietnam para intentar obligar a ese país del Sudeste Asiático a rendirse o abandonar la lucha porque don Richard era capaz de utilizar armas atómicas debido a su «irrefrenable» odio al comunismo.
Éstos «locos» cuentan con el apoyo de elites, tienen control de órganos del Estado y manejan con bastante descaro el Poder Judicial, mienten con frecuencia y profieren amenazas permanentemente; también realizan «advertencias» sobre supuestos peligros externos e internos.
La «dialéctica» utilizada es desde todo punto de vista aborrecible y constituye una estrategia que puede tener múltiples objetivos. En la práctica, el amigo poderoso del Norte, quiere explotar económicamente a Groenlandia y tener allí unas cuantas bases militares; si enfocamos la atención a nuestro entorno, la reelección y la «destrucción del Estado» son las metas.
La experiencia histórica indica que las amenaza y la furia del «desequilibrado», no llegan con el paso del tiempo a buen fin, a pesar que en 1517, Nicolás Maquiavelo haya afirmado en un discurso que es «algo sabio simular locura».
Estudios académicos han coincidido en que la práctica política de la «Teoría del Loco» es contraproducente, aunque tenga relativo «éxito» en algún momento de gestión; el problema es que queda un tendal de aspiraciones malogradas, temor y sensación de fracaso después de éstos torpes ensayos.


