El descarnado ánimo de lucro en la engañosa «Economía de Mercado» que propone (y dispone) el gobierno nacional, motiva engañifas y «picardías» en el ámbito de la Oferta, lo que trae como consecuencia la pérdida de la calidad de vida del otro término de la ecuación, que es la Demanda.
El enorme aumento en el costo de servicios y productos, así como la brutal merma de calidad de éstos últimos, llevan a a pensar que la inflación oficial, difiere notablemente de la percepción de los ciudadanos.
En cosas tan elementales como el pan, vemos que en una gran mayoría se venden piezas donde se nota el escaso amasado (menos costo de energía), la insuficiente cocción («blanquitos…como a la gente le gusta») y sin absolutamente nada de sal (para cuidar al comensal ¿vio?). Si es una pre-pizza (generalmente te encajan de a dos), está contenida en una bolsa berreta, sin fecha de elaboración, ni de vencimiento, ni tampoco detalle de los ingredientes utilizados.
Si lo que intentamos llevar son galletitas saladas, debemos notar que vienen en tamaños más pequeños que los habituales y en paquetes bastantes más petizos; en el caso de las dulces, los sabores difieren de los que teníamos en el recuerdo y también la cantidad es menor, eso si, parece que tienen el precio que concuerda con la hojita Excel.
Si nos queremos dar un lujo, vamos al atún, pero olvídese del lomito conservado en aceite o aceite de oliva porque cuestan fortunas, más aún que en el continente europeo o los Estados Unidos, pero puede «optar» por desmenuzado, que utiliza recortes y que según marcas, nadie le garantiza que le vendan gato por liebre con el bonito o la caballa, que son de menor calidad.
Bueno, vamos por una rica ensalada, pero ni sueñe con los palmitos como ingrediente, pues el precio es prohibitivo, haaaa! pero tiene los trozados, claro que el corte incide en la pérdida de peso y de valor nutricional, cambios de humedad, oxidación y degradación, pero parece que no excede demasiado el valor en el mercado.
Si lo que decide es ahorrarse las molestias e ir a comer a un restaurante antes de recibir una cuenta sideral, disfrute una entradita con cualquier cosa…también pida un aceite de oliva que es bastante desagradable, pero que habiéndolo comprado a vendedores que no tienen ningún control, es envasado cuidadosamente en vidrios de marcas destacadas; el vino cuesta diez veces el valor comercial y un postre (no exija mucho, queso y dulce o flan, a lo sumo una ensalada de frutas) vale como una delicia árabe.
A no! dicen algunos, yo voy la feria del productor, aunque en tren de contar la verdad, ya no son los colonos con sus ofertas, se trata de ferias francas (la mayor parte la compran en el mercado); los precios son iguales en todos los puestos, y por supuesto que se ponen de acuerdo antes; para colmo frutas y verduras, valen lo mismo o más que en cualquier verdulería, siendo que los vendedores no pagan un local.
cuál es el punto?…vendedores acuerdan un precio en la oferta y todos proceden como soldados con un solo mandato, los desprotegidos son los compradores, el Estado no está para equilibrar ni para defender, entonces ¿quién podrá ayudarnos?.


