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Contra el tarifazo en la energía eléctrica

La Justicia resolvió a favor del amparo presentado por los usuarios y ordenó a EDELaR refacturar sin aumento

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La fuerza está intacta

Juan Manuel Pignocco - Escrito el 18 de junio del 2012
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  Hace 57 años, nuestra histórica Plaza de Mayo fue bombardeada por aviones de la marina de guerra y de la fuerza aérea. El objetivo era especialmente –aunque algunos dicen que era asesinar al general Perón- provocar el derrocamiento del presidente a través de un golpe conjunto de las distintas fuerzas militares. No era el primer intento de golpe de estado. Ya en 1951 se había logrado evitar un intento golpista liderado por el general Menéndez, que tenía por objeto anular la Constitución de 1949 y derrocar al presidente antes de los comicios de noviembre.
A pesar que la candidatura de Evita ya había sido abandonada–tema que exasperaba a algunas corrientes de las fuerzas armadas-, militares antiperonistas buscaron derrocar a Perón (entre ellos Julio Alsogaray, Alejandro Lanusse, Tomás Sánchez de Bustamante, quienes luego participarían también de la llamada “Revolución Argentina” de 1966) y pusieron en conocimiento a los principales líderes de los partidos políticos opositores (Arturo Frondizi por la UCR, Américo Ghioldi por el Partido Socialista, Horacio Thedy en representación de los Demócratas Progresistas y Reynaldo Pastor por los Demócratas Nacionales) de los pasos a seguir. En aquélla oportunidad, el presidente declaró el estado de guerra interno, la CGT llamó a un paro general y a una movilización en Plaza de Mayo. Todo ello frenó el intento golpista.

Como en la mayoría de los golpes de estado que signaron nuestra historia, había complicidad civil.
El 16 de junio se iniciaba la segunda acción destituyente, pero esta vez, sería exitosa, ya que los sectores más reaccionarios lograrían hacerse del poder por la fuerza el 16 de septiembre, es decir, tres meses después. El pueblo había logrado parar el golpe en 1951, pero en 1955 no pudo hacerlo, con lo que se inició una larga y cruenta etapa de proscripción, persecución y represión al peronismo.

Los aviones que descargaron las bombas llevaban pintado el símbolo de Cristo vence, lo que daba cuenta de la importancia que había adquirido el conflicto con los sectores más conservadores de la Iglesia católica. 34 aviones militares descargaron toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo: mataron a 364 personas y 800 resultaron heridas. Testigos de aquella etapa refieren que fueron solicitados a la anterior Municipalidad, en la oficina de Cementerios, la reserva de 700 ataúdes.

Ahí empezaba una historia de violencia contra el movimiento popular peronista, de la revancha visceral de aquéllos que se habían visto avasallados por el avance de los más desposeídos.

Su motor sería el odio, el odio a las conquistas obreras, a la industria nacional, al espacio social ganado por los “cabecitas negras”, a los genuinos líderes populares, luego a los jóvenes politizados, comprometidos, a los intelectuales y artistas que pensaban y creaban con y para el pueblo.

El objetivo era la vuelta a aquélla Argentina excluyente, oligárquica, dirigida por unas pocas familias patricias. Y su accionar se repetiría una y otra vez, hasta que durante la última dictadura militar buscaron cortar de raíz al movimiento peronista y a todas aquéllas ideologías contestatarias que imaginaban una patria más justa.

Hoy en nuestra Argentina estamos viviendo un nuevo proceso de auge de la política, de nuevas conquistas, de una nueva juventud que tiene ganas de crear, de construir, de participar. Y así como florece ese mismo fuego de la lucha que en los pueblos permanece vivo trascendiendo incluso a la muerte, también reaparece el rechazo de aquéllos que hoy evocan a los golpistas de ayer.

Cada uno se nutre de la historia. Nosotros para construir un país más justo, junto con una presidenta que nos da orgullo, que nos llena de esperanza. Nuestro compromiso democrático, en sentido profundo, con un país más equitativo, y nuestra participación política sostenida son la mejor arma contra los que hoy reviven aquéllos viejos odios y se les ve en sus rostros la impotencia y la furia de quienes nunca contarán con la verdadera fuerza que mueve a la historia: la fuerza del pueblo.

*Juan Manuel Pignocco: Conductor nacional de Peronsitas sin Fronteras-Secretario Administrativo de la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires.