(Escribe Lic. Mario Nieto) – Las permanentes reducciones y recortes del presupuesto destinado al crecimiento y apoyo a la necesidades de diversos grupos sociales, así como la política de achique, insultos y argumentos falaces con que se maneja el oficialismo en Argentina, son hechos que contribuyen a crear un clima de disgusto social patentizado en ansiedad, desagrado y rechazo, que en la práctica constituyen el combustible para generar conflictos sociales.
La dimensión del desamparo puede entreverse por ejemplo, en las inundaciones que sufre el Litoral, donde miles de personas sufren la inclemencia de la naturaleza…y la ausencia total del Estado. Pensar en una presa niveladora sería imposible con ésta administración, pero tampoco es posible imaginar construcción de infraestructura como cloacas, defensas, viviendas, menos aún creer en políticas de apoyo y ayuda a la Agricultura o a la Ganadería.
No hay plata!, se roban todo! son cucas! y zurdos de mier..! expresa el mandamás frente a cualquier pedido de la comunidad y entonces, la ausencia del Estado y el desamparo se hacen patéticos; están arrojando a la sociedad de regreso a la Edad media, mientras tanto fomentan el individualismo torpe, viven bien de sus ingresos oficiales y viajan reiteradamente por el mundo.
Alguien piensa realmente que creen en sus antivalores? no, solo usan una supuesta postura para no hacer nada y beneficiar pocos intereses. Ya sabemos, prestamos siderales y pago de intereses eternos. Hay que ver a 100 años…a partir de….tendremos lo mejores beneficios de la historia. Chantas de cuarta, aprovechadores, festejan con asados la votación en contra de que los jubilados ganen una moneda más, se niegan a cumplir con los dictámenes judiciales como la Ley de Financiamiento Universitario y derrochan dinero en apuestas financieras con el oro de las reservas.
Lo raro de ésto es que a juicio de encuestadores, hay un «núcleo duro» de electores que seguirá votando a los responsables de ésta gestión y allí hay ciudadanos pertenecientes a sectores severamente marginados, quienes van a elegir a los que no quieren la educación pública donde pueden estudiar ellos, sus hermanos, sus amigos o ya estudiaron su padres y tíos; también optarán por los que quitan derecho a los trabajadores y restringen vilmente la ayuda a discapacitados.
Evidentemente algo hicieron mal gobiernos anteriores para que esto esté pasando; obviamente los opositores aún están fallando o simplemente se entregan y así se aprueban disposiciones increíbles, de todos modos el agua está llegando al borde de la pava y si no creemos, veamos el ejemplo de Italia, Francia, Albania y Bélgica, a los que parecen constituirse en escenario común.
Se protesta contra el aumento del costo de vida, los bajos salarios, la desigualdad, la Educación, en tanto aquí, viva la Pepa y para colmo se alienta la diferencia con otros Estados, lo que se hace para tener un «enemigo» que permita cerrar filas y puede motivar el rearme militar. Lógicamente que el sistema cuenta con la ayuda incondicional de una parte del periodismo, lo cual puede finalmente convencernos de que cada ejercicio del periodo es «El año que vivimos en peligro» título que lleva la película clásica (1982), dirigida por Peter Weir y protagonizada por Mel Gibson.


